EL PUMA


Hoy al mediodía vi un molesto roedor, un ratón afuera de mi casita, la casita que quedó después del sismo, me dio mucho pendiente que la rata entrara porque luego cuesta mucho trabajo sacarla ya que la casita es de adobe y el techo de tejas con beliguanas, adentro, un montón de tiliches donde se pudiera meter y sacarla sería muy difícil. Hace días aquí en la casita llegó un gatito negro con ojos color amarillo brillanofercidate, de color del sol de las flores de ipagui mbamá (flor de treinta pétalos,-Cempa Suchitl- flor de muerto), un animalito muy chispa, simpático, juguetón hasta las cachas, cariñoso, mucho más; cuando ve que yo entro a la casita para preparar de comer, se me arrima a los pies y con su trompita saca la lengua y lame mis pies, es además muy caprichoso y rejego porque cuando le doy un pedazo de pan o tortilla u otra comida de la que como a él no le gusta y lo deja, cuando esto pasa, rato después llegan las hormigas y hacen su fiesta que me pone mal, entonces que chingao come este pequeño animal me digo, seguramente come carne pero está “bien penitente” porque ese alimento yo no puedo comprarlo, cree que le voy a rogar, pues no, no y no. Así anda siempre de rejego haciendo de las suyas, aunque luego se olvida, se pone alegre y anda subiéndose en las matas de los plátanos y árboles que hay en este pequeño mundo donde vivo, lo veo desde una pequeña distancia y me da gusto tenerlo como compañero, un animalito como nunca imaginé fuera a compartir mi espacio tan tranquilamente.

A la hora que vi el ratón no estaba el Puma, sentí algo de molestia porque si estuviera, de inmediato se iría en contra de este enorme roedor como una fiera para destrozarlo, tardó un buen rato para llegar, seguro que fue a buscar lagartijas o alimañas, cuando volvió, lo llamé “eyyy puma, ven te voy a dar de comer carne”, pero el Puma no entendió mi español, mejor se echó sin mirarme pero estaba a las vivas por si yo intentara agarrarlo, de repente se descuidó, entonces lo tomé fuerte de la panza con mucho cuidado ya que tiene unas super garras muy filosas, lo apreté con las dos manos y lo acerqué al lugar en donde vi al feroz ratón que se había metido en quien sabe en dónde, le acerqué la trompita justo en el piso donde estaba tirado como alfombra el pantalón viejo que le puse en el piso para que lo ocupara como su recamara, para que el “patrón” descanse, pero ni siquiera intentó oler o hacer algún movimiento que le interesaba saber por qué lo acerqué, lo tomé con una mano y con la otra, alcé el harapo para percatarme si estaba ahí estaba metida la rata, hum nada, ah jijos!! nada!. Sacudí con más violento movimiento el pantalón viejo, en eso; de repente brinco el roedor hacia la pared yéndose rápidamente atrás de una caja vieja que alguna vez imagino estuvo lleno de jitomate o papas o algunas otras verduras, el Puma ni se dio cuenta, ¡nadaaaaaa! Ah claro, porque no era el pinche plato que trae comida que le gusta, no fuera pescado frito porque hasta la mugrosa trompita quiere meter. Lo solté muy molesto pensando que es un gato cualquiera como todos los pinches gatos que llegan aquí para que en un mínimo de descuido como a veces he tenido se han robado la comida o luego entran para ver que hurtan. ¿No sirve este güey para cazador, no que anda muy chingón corriendo, retozando y presumiéndome sus garras y su enorme velocidad, su destreza para agazaparse en los plátanos y los otros árboles?, sí; lo solté encabronado porque también pensé es que no ha comido, es que salí temprano a un mandado luego pasé a echarme un taco, me acordé de él a esa hora del taco pero no le traje nada porque también imaginé que no se lo va a tragar porque es algo especial y pensé; “nada más llegarán otra vez el ejército de hormigas y luego no saber ni que hacer para que se vayan”. Lo volví a agarrar, ahora, le acerqqué su trompita en la caja donde vi que el ratón se había metido y que en su huida para escapar del Puma, y el Puma, otra vez nada, ningún intento por asomarse en la caja que estaba en su mera frente, entonces sin soltar al felino, le di una patada fuerte a la caja imaginando que con la patada la caja apretaría a la rata entre la pared pero solo conseguí que se cayeran al suelo los platos haciéndose añicos. Enojado y desilusionado solté al felino, ya había comprobado que yo no era san Francisco de Asís quien hablaba con los leones y otros animales, ni fu ni fa con el gatito que le puse “Puma” por su figura, su movimiento felino y porque mi equipo chingón así se llama. Horas más tarde escuché allá en el bañito unos gritos desgarradores de una rata, luego ¡silencio!… otra vez los gritos. Me levanté de la silla porque estaba escribiendo en la laptop una biografía que me encargaron, encendí la luz y ohhhh sorpresa el Puma jugaba con el ratón dándole vueltas, era el ratón que intentamos atrapar al mediodía, pero se nos escapó, seguramente ahora ya le había dado sus mordidas para asonzarlo  porque mientras el gato retozaba contento haciendo sus presunciones con arrogancia en cada movimiento, el ratón estaba atontado intentaba escapar de las filosas garras del felino. ¡Ja ja ja ja ¡qué cosas! Yo creía que no servía para cazador, creía que era como todos los de por ahí de la calle que buscaban cualquier momento de descuido para hurtar la comida, pero nooooo. Éste sí era un puma de a deveras ¡ah que chingón¡ ¡wow, síí¡. Claro que ya lo había visto que no anda haciendo otra cosa más que buscar cualquier animal que se mueve para primero morderlo, luego apendejarlo y hacer como que juega y se divierte queriendo darle oportunidad para que escape, como ayer con un perro que no sé por dónde entró, seguramente era un perro de los vecinos, de esos que no les dan de comer a sus animales y ellos luego andan buscando que llevarse en un descuido. Anteayer con un tlacuache, le pegó la mordida y el animal intruso huyó despavorido encaramándose en una mata que da flores aromáticas de mucho follaje. Cuando vi la cruenta batalla se dos feroces animales, tomé apuradoramente el teléfono móvil y comencé a filmar el gran espectáculo nunca visto, el Puma, lo agarraba y lo soltaba varias veces, muy hábil y seguro de lo que estaba haciendo el jijo de su mamá, grabé un buen que hasta me sacó de onda la masacre que este mendigo Puma ya se estaba pasando de listo, lo estaba martirizando, parecía que se burlaba, recordé en ese momento la pelea de peso completo de campeonato mundial entre el pulgarcito Ramos contra Joe Frazier que le pusieron una santa madrina y que al último dijo el pulgarcito que no sintió lo duro sino lo tupido. Le grité que acabara con él porque ya era mucho juego de un prepotente, además; yo tenía más cosas que hacer, ya había sido suficiente este gran espectáculo nunca visto, agarré el badajo del racimo de plátano que ya había desmadejado y le pegué al ratón en la trompa. Murió el roedor y al fin; estoy acostado tranquilo después de haber ido al “super” a mercar quince pesos de croquetitas para gato feroz, para un puma ganador. Se devoró las croquetitas sin compasión, como una verdadera fiera, como todo un puma valiente y campeón.

¡Ohh! estoy escuchando los miaus del Puma, ohhh! ¿y ahora con quien está peleando? Bueno pues ya quien sea, ya es noche son las 12:52 am de este 7 de noviembre de 2018. Lo dejo para que se convierta en un magnífico cazador y para que en esta casita no entre ningún intruso.

EL PUMA A PUNTO DE MORIR.

Apareció con pasos titubeantes, temblaba, estaba a punto de caer, venía del cerrito del ijualaj ca’ (del pájaro), su cuerpo estaba mojado y lleno de tierra.

Al llegar frente a mí pegó dos maullidos de dolor mirándome con sus ojos de color amarillo brillante como el color del sol, como el color de la flor de ipagui mbamà (flor de treinta pétalos- Cempasuchitl-flor de muerto) y como el color del sol, inmediatamente se derrumbó sin fuerzas, me levanté como un resorte de la silla de madera donde estaba sentado limpiando los carrizos para hacer tejidos, tiré el cuchillo que yo traía en la mano y tomé al Puma con cariño, mi gatito negro como la noche de tul, mi amigo y compañero venía mal, se sentía muy mal, estaba muriendo.

Gemía como un bebé, le sonaba muy fuerte el pecho, movía agitadamente la cola, algo malo estaba pasando; sentí miedo, vinieron a mi mente muchos pensamientos que terminaban en que el gatito moriría,  jamás había tenido un animalito como amigo consentido, varias veces tuve perros como casi todos los habitantes del pueblo tienen, cierto; uno de ellos murió y me puse triste pero ahí estaba ahora el Puma que pedía ayuda, decía miau miau miauu y luego, silencio, callado, temblaba su cuerpo con su pelambre fino bonito, así lo sentí cuando desesperado sin saber que tenía, le frotaba el pecho, la barriga los pies, la cabecita, le miraba si tenía alguna herida o si sangraba, no, no estaba herido.

Con el alma marchita rogué al Todopoderoso no pasara nada malo al noble animalito al mismo tiempo que no dejaba de frotar varias partes de su cuerpo luego, le hablaba casi como interrogándolo ¿dónde fuiste, que comiste? Recuerdo un día cuando Coby el perro labrador de la casa en la ciudad de México se tragó una pelota de esponja y la tenía atorada en el gaznate sin poder expulsarla y saber qué hacer, ahora; aquí estaba con el pumita que no mostraba señal de haberse golpeado.

Le hablaba y frotaba porque dicen que cuando algún malherido y moribundo está en ese trance, no tiene que quedarse dormido, que hay que mantenerlo despierto, y así lo hice. ¿Qué hago? Aquí no hay hospital de animales, no hay un veterinario para correr y pedir ayuda.

Pensé en darle leche, aceite de resino, pues bien; corrí por la leche, por el aceite, por la jeringa para echarle abriéndole la boca, succionó la jeringa activándolo con una de mis manos mientras con el otro detenía al animalito que cada vez reaccionaba menos, hasta hubo momentos que se ponía totalmente inmóvil como anestesiado o drogado.

¿Puma que comiste?, ¡Puma no te mueras!, !Puma aguanta un poco más! ¡amigo no te mueras!, le decía desesperado, yo no deseaba que muriera.

Recordé como llegó a mi casa solitario y así con ese maullido aunque estaba más chiquito, con esos ojos impresionantes de color del sol y de la flor de ipagui mbamà, recordé que muchos momentos me acompañó a regar las matas de plátano aquí en mi pequeño terreno corriendo a mi lado, luego, como se trepaba ágil a los árboles y hacía movimientos de un gran felino, recordaba como mi amiguito me acompañaba hasta la puerta de salida a la calle y asimismo me esperaba a mi regreso diciendo miauuu, recordaba como mi fiel amigo estaba siempre acurrucado abajo de mi vieja hamaca para acompañarme todas las noches y en las veces que estaba en los hilos tendido como el hombre araña, recordaba cómo se metía entre mis pies poniendo la cola tiesa cuando yo entraba a la casita porque quería decirme que yo le sacara algo para comer, también recordaba que en varias ocasiones lo empujé bruscamente para quitármelo de mi camino porque lo iba a pisar y francamente se sentía consentido y no me gustaba que fuera un consentido ni abusivo, varias veces le grité diciéndole ¡quítate, acabas de comer! Ahora todo eso me hacía sentirme culpable y me estaba arrepintiendo pidiéndole a Dios que no se muriera.

Pobre animalito, creo que alguien le dio algo de comer con veneno ya que así son algunas malas gentes, le tiran algún alimento impregnado de veneno para que el animal se lo coma y muera.

Exclamé con verdadero coraje e impotencia, pinches vecinos hijos de…, por qué no se los carga la… ¿Pumaaaa comiste un sapo?, ¿comiste un salamanqués o cuija?, ¿te mordió una culebra o te picó una araña?, ¿algún insecto te picó? Yo deseaba que él me contestara. ¿Qué tienes? Pobre animalito sufría mucho, en sus quejidos lo mostraba, ¿por qué no habla para que me diga que está sintiendo y así lo podré ayudar?

Es sorprendente la vida, como el Creador, el dador de vidas, el Dios, nuestro Dios nos da lecciones que son muy duras, ¿como hasta el ser más insensible en estos casos quiere dar el alma, el corazón, quiere dar la fuerza de su ser para liberar, para revivir, como en estos momentos que se hacen solemnes, momentos de respeto, momentos sagrados en el que se siente comulgar la misma hostia sagrada, que se comparte con el sufrimiento y que uno desea convertirse en un samaritano o en un salvador, ahora más que nunca.

Después que con la jeringa le di leche y aceite, el Puma quedó inerte, su cuerpo estaba más frío que momentos antes, se quedó inmóvil entonces le hablé muy fuerte recordando el momento cuando una vez se chingó mi “carnefrita” y chicharrón que yo los había alzado sobre la mesa y que era mi comida del mediodía y él lo estaba lamiendo. Le grité con coraje como aquella vez; ¿Pumaaa que te pasaaaaa, dime que chingaos tienes? ¡dimeeee!. Entonces el gatito negro abrió sus ojos, pero solo para volver a cerrarlos otra vez.

Con esa reacción yo me liberé de muchas cosas y sentimientos, porque de inmediato también recordé que existe la fe en lo que deseas y me quedé tranquilo.

Calenté en el horno de microondas una camisa vieja y un pantalón igual o más viejo donde se acuesta el Puma y tapé su cuerpecito que al sentir los harapos tibios, abrió levemente los ojos hermosos de color del sol y con el rabillo casi me dio a entender que se estaba sintiendo mejor.

En mi desesperación, con el teléfono móvil, marqué a algunas personas en quienes pensé pudieran ayudarme con su experiencia y sapiencia. Hazlo así, me dijeron-dale esto, hazle lo otro en fin… fueron momentos de angustia porque por mucho que quería saber y hacer para que el felino se parara y lo viera caminando, no daba muestra de mejoría. Tiempo después de tanto frotar su cuerpo y hablarle el Puma se incorporó para dar unos pasos y volvió a desmayar, sus pies temblaban y otra vez palpitaba y se veía muy mal. Ahora sí me dije, ya este amiguito se va, otra vez retumbaron en mi cerebro y dónde está la fe, -“Jaime no seas pend”-, así no encomienda nadie para salvar, así estás mal, espera más, intenta más, otra y otra vez calienta su cuerpo, ¡háblale!!.

Así lo hice. En verdad este corazón que tengo muy duro como la piedra volcánica, se volvió como un pan de trigo, bueno y blando como el algodón del árbol de pochote de los áridos campos de nuestra tierra chontal, este ser que a veces cree conocer la vida y el mundo donde vive, pidió humildemente favores con tal de salvar una vida, este orgullo que muchas veces me ha tirado, ahora se convirtió en el orgullo que levantaba.

¡¡¡Gracias Dios mío!!!

Gracias a quienes también sintieron mi miedo y desesperación y me orientaron, gracias a ustedes que leen mis líneas y que, en muchas de las ocasiones, me hacen sentirme muy bien con sus palabras escritas que se convierten en halagos. 

El Puma, el gatito negro de ojos de color del sol y de la flor de ipagui mbamà, el fiel amigo, el compañerito, el retozón de este lugar, el consentido de millones de gentes que ahora lo conocen, el gato tragón, el amigo de amigos, ¡YA ESTÁ MUY BIEN!.

EL PUMA PELEADOR DE LA CALLE

No sé lo que pasa, ¿será que nació muy valiente, será que al alimentarlo con pescado fresco ha adquirido mucha fuerza y se siente muy sobrado, será que lo provocan, lo hará por una canija gata, el Puma se volvió muy feroz, ¿por qué?.

A la hora de comer asoma su trompita subiéndose sobre mis piernas para pedirme comida con un maullido, aunque haya acabado de comerse un pescado fresco, se pone necio y no se quiere quitar, insiste el animalito hasta que le digo “toma pues” le tiro en el piso un cachito de lo que estoy comiendo. Al terminar el día entrando la noche, se desaparece de la casita, se va no sé  a dónde, en muchas veces escucho los gritos de un gato, imagino que es él porque me parece que el grito de esos felinos todos se parecen en sus tonos, otras veces allá a lo lejos, se escuchan peleas, maullidos de feroces peleas entre gatos imagino muchas cosas y quisiera ir corriendo para darle una chinga para que se esté quieto, para que no lo lastimen porque las últimas peleas que ha tenido yo pienso que con tigres, leones, dragones, perros o hienas, lo han dejado para el arrastre, lo he tomado con coraje entre mis manos para curarle las heridas frescas en donde se le notan las encordaduras desgarradas de su cuerpo fino que poco a poco se va estropeando y quedando como harapo. Lo regaño como cuando mi madre María me tomaba del brazo y me jalaba de la oreja para decirme con verdadero coraje que no me saliera a la calle para andar como animal, luego; me daba de cintarazos para que yo entendiera y fuera buen muchacho, cosa que jamás se me quitó.

Así regaño al Puma, el animalito que luego comprendo que no me entiende porque no tengo, tal vez, buen español en la lengua, nomás se queda viéndome con esos lindos ojos de color del sol y del ipagui mbamá (flor de treinta pétalos-Cempa Suchitl-flor de muertos) con el rabillo entrecerrado y mañosamente me tiene dizque miedo, solo se queda a las vivas queriendo zafarse para escapar o quiere algo de comer como siempre que hasta le he hecho varias veces la pregunta “eres un gato o eres un perro?”,  porque come a cada rato aunque no tenga hambre, me contesta con un sencillo maullido ¡miau!… 

Varias veces ha llegado con la pata cojeando, con el pescuezo herido lleno de sangre, con el cuerpo lastimado, se queda tirado buen rato, se sube al techo a dormir o se pierde de nuevo, yo pensando en donde estará ese pintoresco animal negro, luego veo que baja del tejaban como señal de que ya fue a explorar, a buscar roedores para tener limpia la casita. Así me contento y digo –“pues que lo chinguen, si eso busca pues que le den sus revolcadas”-.

He visto que ha llegado una gatita chiquita a buscarlo, él, se siente un galán presumido y se hace del rogar, la gatita le ruega para que el Puma le haga juegos de enamorados, el Puma se pone sus moños. Ahí andan todos los días como entusiasmados, luego no falta algún gato metiche que llega para enamorar a la gatita de color gris que se ha vuelto muy dañera ya que ese animalito tiene dueño y no le dan de comer, también por eso llega a la casita, me descuido y se come la comida del Puma y éste no le reclama ni hace intento por defender su comida, la consciente mucho, “es un gatito muy buena gente” dijeran unos ancianos de mi pueblo.

Ya es demasiado lo que está haciendo este felino, nomás entra la noche agarra su camino, quien sabe a donde irá, como muchas veces escucho sus maullidos fuertes, muy fuertes que me estresa, me irrita, me pone molesto porque grita en los sitios solares de la gente en altas horas de la noche donde hay bebés durmiendo, pega sus fuertes berridos que despierta hasta el más muerto, claro que molesta sus gritos.

Una noche acostado en la vieja hamaca con los hilos rotos, avanzada la noche escuchaba los gritos de un niño que sentía mucho dolor o hambre, le ponía mucha atención para que pudiera identificar de dónde provenía esos desgarradores gritos, ¡miauuuu!, ¡ayyyyy!, ¡miiiiiiaaaauuuu!. Otra y otra vez, ¡miauuuu!, ¡ayyyyy!, ¡miiiiiiaaaauuuu!, me levanté desesperado agarrando con mis manos un garrote a su medida que tengo por cualquier perro que entra en la noche como dice el viejo refrán que dice: a cada santo le llega su día y a cada perro su garrotazo, me fui a ver hasta donde estuviera quien estaba haciendo gritos de espanto porque también esos maullidos eran desgarradores como venidos del inframundo que erizan la piel. Con el garrote en la mano me fui decidido para darle en su cabezota de quien gritaba, apenas avancé unos veinte pasos dentro de mi pequeño terreno, cuando, ahí estaban dos gatos feroces mirándose horriblemente con odio, parecía que se querían matar, a pocos centímetros diciéndose no sé qué cosas, tal vez; maldecían, tal vez, se estaban insultando o se decían amenazas de muerte.

Al notar mi presencia saltaron los dos felinos feroces como dos rayos, ¡qué va!! los rayos no son tan rápidos como estos leones, solo alcancé a ver en un instante se fueron entre los matorrales uno siguiendo al otro, el gato gris saltó primero y el Puma se fue tras él. 

Que heridas mortales se hacen esos animales, que odio se traen, creo que es por una gata, por una gatita traicionera que a lo mejor anda con los dos o tres o bueno… son capaz de matarse para quedarse con ella. Volví a la vieja hamaca como el hombre araña que descansa en sus redes, para sentirme tranquilo al ver que los gatos peleoneros se perdieron imaginando que ya se les pasó el coraje y se perdieron entre la oscuridad. Apenas me recosté aquí estaban de nuevo el puma y otro gato más grande que él, se batieron como dos grandes peleadores como en aquellos inolvidables años de gloria de Vicente Zaldivar contra Charchai Chonoi o Mitsunori Seki o Guadalupe Pintor contra Jhony Owen o Rubén Olivares contra Chucho Castillo. Que se den dije, que se maten dije, ya estuvo suave de ver tantas veces como llega este animal todo rajado, arañado, ensangrentado, y luego; como si nada, nomás amanece anda fresco, como si no pasara nada, como si no le doliera, como una inocente palomita blanca. Se dieron entre fuertes gritos de los dos contendientes fuertes y feroces rugidos, parecería que nadie venció, nadie fue el triunfador, aunque este rival era muy grande, más grande que el puma, este animalito negro logró imponerse a la adversidad.

Ya no quisiera hablar de sus peleas continuas porque no quiero que ustedes que están leyendo vayan a pensar que ya no tengo más que escribir y que me la paso repitiendo, créanme que es difícil dejar de narrar las grandes preocupaciones que tengo cuando se sale este animalito, esto que está pasando, es cosa parecida como cuando de muchacho me salía de la casa, mi amorosa madre se preocupaba muchísimo que en las noches no podía dormir, en el día; no estaba tranquila porque sufría cuando yo no volvía a casa después de desaparecerme todo o casi todo el día, porque mi padre era rudo, ríspido, un hombre nada consentidor, una persona criada a la manera antigua, ya que con sus “correctivos”, después de dejarme la marca de los múltiples golpes en el cuerpo, pensaba que yo, me comportaría como un corderito manzo y que le iba a tener mucho miedo para no volver a mis andadas, ahora me doy cuenta que el que nace… como dice el viejo y sabio refrán, “genio y figura, hasta la sepultura”; así es el Puma, entiendo como es, él nació ingobernable, nadie, absolutamente lo hará cambiar, mucho más teniendo a sus “querida” en donde quiera que vaya, las gatas fáciles que le guiñan los ojos.

Hoy en la mañana bajó del cerro de ijualaj ca´(cerro del pájaro), si, si, vi que bajó del cerro todo desvelado, lo miré de reojo como para que se diera cuenta que me vale si llega o no, no, no volteé para nada se los juro, también porque ya es mucho, entonces por eso no le di su pescado “cocinero” fresco que le compro con Ana de Río Seco, la señora que vende pescado junto a la casa de Don Tomás García, entonces el animalito, también le valió y se subió al tejado tal vez a buscar ratones o trató de engañarme, yo no estuve como para hacerle caso y me fui a trabajar, a cumplir con una de las cosas sagradas que Dios nos dejó, volví después del mediodía y no estaba en casa el hijo de su madre, me puse a hacer mis quehaceres del huerto, a quitarle la majagua a las matas de plátano, y a hacer cepas en las demás matas para que se detenga el agua que les pongo, bueno; pues no estaba el peleonero, la verdad; aunque yo no quiera preocuparme, si me pone a pensar que alguien, alguna persona ya lo pudo haber matado porque a lo mejor fuera de esta casita, se vuelve dañero como los gatos que vienen acá, porque es lógico que si tienen hambre, se convierten en gatos mañosos, gatos ladrones de comida. Así estuvo el resto del día, sin ninguna señal de vida del Puma, ahora sí, él ya tiene otro dueño, ahora sí, creo que ya lo mataron los gatos o gatas, ahora sí, ya no vendrá, ahora sí, ya no lo veré y pues, se acabó.

Encendí las leñas en el bracero para comenzar a prepárame algo para comer, más bien; a cenar porque se acabó el día y me asomaba por cualquier lado como lo hacía mi madre para localizarme, quise gritar hacia el cerro mencionando su nombre como me gritaba María ¡Jaimeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!, ¡qué raro!, el méndigo animal no aparecía en casa, que raro, porque cada vez que enciendo la lumbre para cocinar, se baja para decir miauuuu, no, nada, no vino, fue el día que más se tardó en venir. De repente, el Puma hizo acto de presencia ante sus servidor quien se le olvidó que sentía coraje por la ausencia de su mascota, de nuevo la compasión, de nuevo, la conmiseración, otra vez, el recuerdo de mi madre cuando yo volvía a casa y ella desesperada, angustiaba, me ponía un plato de frijoles negros del cerro del que cultivan los indígenas chontales de mi pueblo, esos que saben a gloria cuando en verdad se tiene mucha hambre, le quise dar su pescado fresco, su cocinero que compro con Ana la que vende pescado pero dije no, no lo merece, agarré la bolsita de croquetas para gato renuente y lo vacié en su plato que está bajo de la mesita, nomás maulló una vez y comenzó a comer con avidez sin voltear a verme, era visible su hambre atroz, ahh! que bien me dije a solas, que coma pobrecito, comió solo un poco y cuando comía, se presentó la gatita gris, una gata culpable de su mala vida, de su perdición. 

De repente desapareció y se fue… claro, su penitente trabaja para comprar su comida, su penitente, le sirve hasta su agua para que no se le atore los alimentos. Quedé otra vez sólo como estos últimos días, levantaré y guardaré su alimento de gato renuente, no se a que otro venga y se lo comerá como sucede siempre.

Cuantas creencias ha habido sobre los gatos negros, cuentan que un gato negro es un animal de satanás, que es un espíritu maligno, otros, cuentan que la presencia de un gato negro, trae consigo tranquilidad, que es un espíritu que cuida la casa, que por eso no pasa nadie en la casa, que limpia de los reptiles, roedores, insectos y más depredadores, que cuida a sus amos, que cualquier maldición para sus amos le toca al gato, en la época de la santa inquisición, cualquiera que tuviera un gato negro era mal visto por la sociedad y hasta juzgado en algunos casos en donde alguien moría y echaban la culpa al gato. en las noches solitarias me pongo a pensar sobre todo lo que se habla de estos animalitos y a veces termino complicando mi existencia y concluyo para no seguir pensando mal y que me pueda pasar algo malo, Dios mandó este animalito bueno a mí, para mi compañía pero también el tiempo se da para que este felino tenga la libertad para mover sus emociones, tiene que ser así el mundo, tiene que ser así la vida porque nacimos libres, porque el Todopoderoso nos da para ser como querramos ser y tomar la ruta que mejor nos guste o nos convenga, a los animales se les enseña, se les domestica para que podamos vivir en armonía entre todos los seres humanos o entre las selvas, después de todo esto, cada quien vive como quiere y si se ve claro, nadie repara en estos casos, en fin; termino de nuevo con que se me olvida los malos pensamientos y las creencias de las gentes y digo, este gatito es un chingón, es tan chingón que sin darme cuenta también mueve mis sentidos, él es quien también sin darme cuenta, me cuida creyendo yo que soy yo quien lo cuida.

Lo que sí es cierto, es que no sé cuándo terminará yéndose, terminará por desaparecer por completo, se irá de la misma forma como llegó y ya veremos de que color pintará el futuro, tal vez negro como su color o tal vez color rosa como dicen que es la pantera.

Por mientras hay que dormir y tratar de descansar que de nuevo amanecerá, tardará mucho en que esto ocurra porque cuando uno está preocupado o enfermo, el amanecer, los rayos del sol, el rostro del Señor a través de la luz del amanecer, tarda mucho en llegar, lo intentaré como todas las noches de mis años desde el vientre de mi madre hasta hoy, y lo que me falta, hasta mi último suspiro.

Ya han pasado varios días con sus noches y en la oscuridad, a la lejanía se escuchan maullidos de fiera pelea, imagino que es el Puma que ya tiene su compañera como todos los animales y los humanos que nos hacemos adultos, buscamos sin sentir una compañera y nos alejamos de nuestros seres queridos, muchas veces hasta nos olvidamos de todos los que nos rodean y formamos nuestro propio mundo, y pensar que en dos ocasiones que me ausenté de casa, salí por varios días pero antes, no quería dejarlo, imaginaba que moriría de hambre, moriría de tristeza al verse solo. Compré bien recuerdo tres kilos de pescado cocinero grande, eran grandes que no se lo comería a cada uno en una sentada, lo destazaron, le puse sal a los pedazos más o menos a su medida y los metí en doble bolsa para que no fuera a escaparse el olor de pescado ya que se lo di a mi vecina pensando que iba a hacer el gran favor de tirarle por la cerca que divide el terreno de ella al mío, pensé que también como yo sentía algo bonito tener un compañerito ya que ella tenía un perico que le hablaba a diario y a cada rato, nomás amanecía y le llamaba por su nombre muy cariñosa, le enseñaba a hablar, mientras que también tenía unos perros dañeros y bravos que supongo no les daba de comer y le lamían las cazuela en las que hacía comida para vender, tenía un marrano que desde muy temprano gruñía pidiendo comida, nomás refunfuñaba porque creo que le salía muy caro engordar un cuchi de raza corriente, se acercaba al animal con mentadas de madre como si el puerco tenía la culpa de la precaria situación económica.

Antes de salir del pueblo amarré al Puma y lo llevé a casa de la hermana ahí, lo solté en el interior, cuando lo solté, comenzó a temblar mucho, pensé que era de miedo porque no conocía otra casa más que en donde estaba viviendo, lo agarré con dificultad para regresarlos a casa ya que el animal seguramente se iba a perder al salirse y yo no estaba dispuesto que eso sucediera, regresamos a casa encargándole a mi hermana y haciéndole prometer que iba a prepararle comida y decirle como entrar a la casa para que le fuera a darle de comer, así quedamos porque al darle la bolsa de pescados a mi vecina, le noté algo raro que me hizo sentir desconfianza. Salí por algunos días a la ciudad y yo estaba al pendiente del animalito indefenso y miedoso, hablaba por teléfono a mi hermana para preguntarle del estado y de la alimentación del pequeño felino, claro que le preparaban sus comidas y se lo traían hasta su aposento, aunque no estaba físicamente, sabíamos que al dejarle la comida en su plato, él tenía para que no sufriera de hambre mientras que la vecina imagino que jamás le tiró un pedazo del suculento pescado cocinero fresco recién traído de nuestros mares del Sur que le dejé para que se lo diera, a mi regreso le pregunté a la vecina que si había visto al gato, me contestó que no lo había visto pero que en varias ocasiones, por varios días le tiró trozos del producto del mar hasta que terminó con la ración, pregunté queriendo saber que si había atendido mi encargo porque ustedes tienen que saberlo, que la vecina no hacía favores de gratis, le tuve que dejar para ella un tanto igual de pescado como el que era destinado para el Puma.

Se escucha los gritos de las parvadas de pericos aquí en los árboles que hay en casa, ahora comienzan a sazonar los mangos, cientos de matas bien cargadas que cuelgan luciendo los terrenos sitios solares, unos grandes, otros, chicos, unos mangos amarillos, otros; de varios tamaños, verdes, amarillos y rojos, todos, con sabores para cada momento como los que se comen con sal. Chile y limón, con todo el mejor ambiente y colorido de la provincia de un San Pedro Huamelula con sabor de sierra y costa en donde las señoras apenas despiertan y se levantan, comienzan a juntar la lumbre para hacer tortillas y poner la olla de café con canela, un rico café de la Merced del Potrero, luego después de “moler”, mientras que, en el rescoldo, enciman los pescados frescos recién traídos del mar para asarlos.

Tal vez, aquí termina la pequeña historia del Puma, el gatito que llegó solo y que por más que lo corrí varias veces no se quiso ir, lo corrí porque no quise comprometerme cuidando animales que luego no es bueno tenerlos amarrados o encerrado como muchas personas lo hacen, iba a sentir muy feo salir y dejarlo solito, en fin… pronto llegarán las lluvias y el temporal, olvidaremos un poco al felino que se volvió callejero, tendré muchas actividades que abandonaré la casa y si está aquí no podré atenderlo aunque ahora ya no me siento culpable de su abandono, seguramente si tiene familia, ya veremos a sus críos rondar por este lugar y a lo mejor agarramos uno de ellos para recordar los tiempos de amigos y compañeros, ojalá que no esté muerto es lo que deseo, eso me dará la tranquilidad y la alegría, ojalá volviera para que se termine sus pescados que le tengo guardado, si mañana temprano no llega, mañana mismo, les pondré sal y los sacaré al sol para orearlos y comérmelos recordando al Puma que así como llegó solito, así se fue. Recordaré sus momentos que jugaba presumiendo su figura y su increíble agilidad que cuando mientras yo limpiaba las plantas quitándole las hojas de la matas de plátano, él; se trepaba a los árboles como diciendo mira; mira como soy rápido como el rayo, bravo como el trueno, y que cuando yo me alejaba tantito, maullaba como diciendo aquí estoy y se acercaba a mi como un niño consentido mirándome con esos hermosos ojos del color de la flor de ipagui mbamá (flor de treinta pétalos) y como el color del sol, seguiré esperando dejándome  llevar por lo que dice la gente de que “-Un gato tiene siete vidas-“.

ADIÓS AMIGO PUMA.

¡Oh sorpresa! El gatito bajó de la barda de blocks pegada al cerro, con pequeños y débiles maullidos avanzó con pasos tambaleantes me dirigió una mirada con extremada urgencia queriendo llegar hasta su casa, la casa que habitamos, el lugar techo que lo sentía suyo, era su figura un cuerpo escurrido, una piltrafa, un pellejo con cuerpo de gato negro, muy débil, de inmediato reaccioné abrazándolo cariñosamente, cómo no había que recibirlo con alegría si lo estaba esperando con ansiedad desde hace casi un mes que desapareció, ahora estaba de vuelta para estar juntos otra vez.

Llegó con mucho esfuerzo hasta donde acostumbraba encontrar su plato de comida y agua, al verlo tembeleque imaginé que venía hambriento y por lo mismo se dirigió hacia el lugar donde estaban los platos tanto de comida como la de agua, le serví lo que había dejado hace casi un mes, una buena ración de alimento, croquetitas para gato peleonero, las devoró ávidamente, también le arrimé la cabeza de un pescado jurel asado que me quedó después del almuerzo porque sabía que estaba sin comer y traía mucha hambre.

Comencé a recordar las palabras de las personas que les conté la desaparición del pumita, tenían mucha razón “el gato tiene siete vidas, él regresará aunque tarde mucho tiempo“, pues aquí estaba ya de regreso comiendo, de repente me miraba de reojo y seguía comiendo, más no me había dado cuenta de sus grandes heridas que traía sobre lo que antes era su fina piel, luego; dejó de comer, tomó unos tragos de agua fresca y clavó su trompita en el ladrillo crudo del piso, ahí quedó, imaginé que estaba muy cansado y ahí lo dejé para no interrumpir su quietud, más después; ahí seguía con la trompita hundida en el piso, fue cuando lo levanté con delicadeza y me di cuenta que estaba muy malherido. 

Sentí compasión por mi gran amiguito, quise que hablara para escuchar lo que tenía, quise saber con mucha angustia en donde le dolía, quise con toda el alma ayudarlo a sanar sus feas y mortales heridas, porque no me contaba en dónde estuvo, quien fue el que lo tuvo preso, quien era el que le dio comida con veneno, que casualidad que cuando desapareció, no hubo ningún gato por aquí, su amiga o novia jamás se vino a parar, también se desaparecieron misteriosamente. Eso me hacía imaginar que alguien los mató a todos los gatos, ahora que el pumita regresó, otra vez están merodeando los otros que siempre han estado rodeando a mi amiguito, ya te pondrás bien chiquitín le dije y lo dejé en el piso al mismo tiempo que se me ocurrió hacerle una casita con palito que aquí hay, estará más seguro recuperándose para que nadie lo moleste, necesitas descansar.

lo primero que hice al amanecer fue ver como estaba el pumita, imaginé que como había comido el día anterior ahora ya estaría súper mejor pero no fue así, estaba tal vez peor, me miraba como cuando una persona muy grave de dolores necesitaba ayuda, esbozó un leve maullido como si fuera un niño chiquito, lo dejé ahí mismo donde estaba con la trompita hundida en el piso porque ahora sí había que echar a andar otra cosa para tomar con seriedad, sin embargo no pude hacer nada solo lo metí a la casa donde siempre entraba con gusto para dirigirse a acostarse en la cama pero que la última vez lo tuve que echar ya que se orinó sobre la sábana y tuve que lavar el colchón y sabanas, ahí se quedó, al cabo que yo iba al trabajo pero que en estos días en el que no hay muchas actividades importantes por la pandemia del coronavirus está en su apogeo, publicaré algunos mensajes en la página y regresaré para atenderte, salí apresurado porque ya daba la hora de estar en el trabajo.

No era normal lo que pasaba a mi regreso cuando vi al felino en muy malas condiciones, ya era grave la situación del Puma, ahora sí él se sentía morir, no había comido absolutamente nada de alimento, un leve gruñido y una mirada de reojo como las últimas veces desde que volvió, me vio y lo abracé sintiendo su cuerpo caliente, yo no sabía si eso era fiebre, si era por sus heridas de su cuerpo o era su gran anemia o debilidad por no comer durante mucho tiempo. Había que hacer algo urgente, arroparlo, urgía hacerle un algo donde pueda descansar que no sea el piso.

Comencé a buscar los palitos delgados, el hilo, el alambre recocido, el arco con segueta para cortar, inicié a hacer la mansión de mi gran amigo, una mansión ruda, una pequeña casita para protegerlo de sus enemigos, ahí estará mejor pensé hasta terminar cubriéndolo con tela de gallinero en el que unos amigos me ayudaron ya que oportunamente estuvieron para echar la mano mientras caía la noche, ahí se quedó mi amiguito en la pequeña jaula, yo me sentí más tranquilo porque en ese espacio ya no podían entrar sus enemigos para atacarlo ahora que estaba indefenso, estaba inmóvil, muy quedo pero pensé que el amanecer del nuevo día estarían mejor las cosas, me acosté en la vieja hamaca afuera donde acostumbro quedarme todo el tiempo por causa del enorme miedo que le tengo a los sismos.

Rogando a Dios porque el pumita esté mejor, contemplé el rostro del Todopoderoso a través de los rayos de luz del nuevo día, me acerqué a la jaula para ver al felino como seguía, yo esperaba estuviera ya mejor porque habían pasado tres días de su retorno. Ohhh que mal!!, mi amigo respiraba con dificultad, estaba en muy malas condiciones, que mala suerte! Llamé al doctor para que me dijera el nombre de algún medicamento para comprar y dar al gatito para su curación, anoté los nombres de los medicamentos y el alimento que me recomendó, después de mercarlos, se los di deseando con toda el alma que se cure, se los tragó a la fuerza, con una jeringa hipodérmica le metí los medicamentos que reusaba, pero terminó tomándose todo ya que estaba débil e indefenso.

Salí al trabajo confiando que con los medicamentos se pondría mejor, iba pensando con emociones encontradas, iba imaginando que se salvaría, pero también que no porque se veía muy maltrecho, sus maullidos, su mirada, su debilidad al no poder sostenerse en pie indicaban su enorme mal estado.

Día jueves 2 de abril de 2020 el Puma, mi amiguito dejó este maravilloso mundo, dejó esta casita donde tuvo cobijo, donde encontró a un amigo que le brindó comida y cariño todos los días hasta a veces con demasía, en un lugar en donde jamás fue encerrado por querer tenerlo a la fuerza o por castigo, en este mundo en donde tuvo muchos amigos y con unas patas sueltas que lo hicieron correr, andar, brincar, pelear con fiereza hasta destrozarse y también amar a la gatita que le gustó y que a lo mejor tendrá más adelante sus herederos, y odiar a quienes fueron sus grandes rivales. Cavamos un hoyo para su fosa mientras dábamos gracias al Señor Todopoderoso por darnos una lección más de la vida, por ser parte en este pequeño gran mundo lleno de vivencias, en el que vivir una sola vida no es suficiente para aprender todo, por sentir con fuerza en el alma y en todo el ser la culpa y el agradecimiento por darnos la oportunidad de conocernos y ser mejores cada día, por sentir que todo lo que nos rodea debemos darle el gran valor, en el que nos da la oportunidad de poder servir como dicta la honradez de la voluntad del corazón porque todos necesitamos de todos.

No pude contener mis lágrimas que salieron de mis ojos con mucha tristeza al poner a mi amigo en su pequeña fosa donde descansará al mismo tiempo que recordaba pasajes bonitos como cuando viajé a la ciudad de México y ahí le compré una pequeña plaquita de color azul oscuro y fosforescente  que hacía juego con el color negro de su piel aterciopelado y el amarillo de color del sol y la Ipagui mbamá de sus enormes ojos, también me echaba la culpa por haberlo regañado en tantas veces por portarse mal y por ser peleonero, por irse de la casa y perderse.

Mi amigo el Puma que así le puse de nombre por el equipo que le voy y porque siento mucho orgullo de haber sentido sus colores en la máxima casa de estudios y del deporte en México, vivió muy acelerado y con mucha pasión que me hace recordar a mi hermano chano que también quise y que sigo queriendo con esos enormes y bellos recuerdos, mucho más el sentir orgullo que es mi sangre.

Lo depositamos en su pequeña fosa y encima, unas flores de cordoncillo que es tradición de los muertos aquí en mi tierra, tal vez pensando que el animalito también tiene alma y derecho de ser enterrado y tratado como los seres humanos porque nos queremos, que dicen que la flor de cordoncillo es la tortilla de los muertos, pensando que el pumita fue tragón, le pusimos el ramito de flores de cordoncillo muy olorosas.

Ahora reina la paz en mi alma, estoy tranquilo porque ya no escucharé tus feroces gritos de felino gladiador que se enfrascaba en cruenta pelea con el más acérrimo de sus rivales, porque ya no veré esas grandes y sangrantes heridas que te dejaron tus mortales peleas, ya no me preocuparé por tus prolongadas separaciones en esta casa que te cobijó y que cuidaste, limpiaste de bichos, de roedores y de malos y negros espíritus que intentaron penetrar en esta mansión chontal que fue tu propiedad.

Pienso que después de tanto tiempo de ausencia, cuando sentías cerca la muerte, hiciste un gran esfuerzo y viniste a despedirte, no cabe duda que seguimos siendo muy buenos amigos y es de agradecerte que hayas venido a despedirte, seguiré viviendo el tiempo con los recuerdos de tu agradable compañía como cuando te echabas debajo de mi hamaca vieja y yo meciéndome con una patada al piso para darme vuelo, lo hacías para brindarme compañía, también como cuando estorbabas cada vez que querías jugar y yo estaba haciendo algún quehacer, fue un placer esos esos tus juegos que yo fingía que me estorbabas, como cuando todas las veces en que salí de casa y me esperabas ansioso para luego atravesarte en mi camino poniendo tu cola tiesa entre mis pies para que yo notara que tu estabas y que esa fue tu forma efectiva de pedir que te diera de comer.

Está muy bien mi campeón, nos despedimos hoy y me las arreglaré para no extrañarte y ver de repente entre las cosas que aquí hay, tu figura de negro aterciopelado, ahora sé que hay animalitos que dan lo mejor y son mejores a veces que la gente.

Adiós amigo Puma, te diré que estas líneas que te escribo harán que la gente te conozca mucho más de los que ya te conocieron, esta es una historia tuya que yo no recuerdo que alguien haya escrito de corazón para un amigo gato.

Al abrir la madre tierra con la pesada barreta para cavar la pequeña fosa con el calor sofocante, mis ojos comenzaron a humedecerse con unas lágrimas sintiendo un nudo en la garganta, hablé para decir “madre tierra te pido permiso para abrir tus entrañas porque te entrego a mi amigo que ya está muerto, está sin vida, te entrego su cuerpo inerte para volverlo de donde vino, de donde vinimos todos los seres vivientes, te lo entrego para que le des abrigo, estoy haciendo esto porque yo también un día moriré y no sé en donde ocurrirá eso pero ocurrirá, tampoco sé si alguien se encargará de hacerme el favor de cavar una fosa para enterrarme, ¿quién ser pensante no sabe que todos necesitamos de todos?, no digo que el gato podrá en un momento devolverme el favor sino que haciendo un favor, tal vez con esto, me habré ganado la compasión de alguno que se conduela“.

Puma dejas tu comida que son pescados frescos que ya no alcanzaste a comer al igual que tus croquetitas de gato peleonero, dejas un vacío en esta casita de adobe con techo de tejaban, con un huerto de plátanos, cocos, guayabos, acodé, árboles de grisiñas, un lugar al pie del cerro del ijualj cá (cerro del pájaro) quien fue testigo de tus andanzas en donde escribo cuentos, historias, una de esas historias es la tuya en el que sale a relucir con presunción el color negro de tu aterciopelada piel, de tu feroz valentía, de tu romance con las gatas, de tu rapidez como un rayo, de tus cruentas batallas de triunfos y derrotas y de tus ojos impresionantes del color del sol y de la flor de ipagui mbamá (flor de treinta pétalos).

FIN.

Jaime Zaárate Escamilla

 

Scroll to Top